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Cómo empezar con inteligencia artificial en su empresa

5 min de lecturaSebastián Velázquez, Fundador de Cronode

Notas adhesivas de colores pegadas en una pizarra blanca

La inteligencia artificial dejó de ser un asunto exclusivo de las grandes corporaciones. Hoy cualquier organización puede usarla para responder consultas, resumir documentos o extraer datos de facturas. Aun así, muchas empresas no saben por dónde empezar, o empiezan por el lugar equivocado: eligiendo una herramienta antes de tener claro qué quieren resolver.

Esta guía propone un camino ordenado, en cinco pasos, para dar el primer paso con bajo riesgo y resultados que se puedan medir.

1. Empiece por un problema, no por una herramienta

La pregunta útil no es «¿qué herramienta de inteligencia artificial deberíamos comprar?», sino «¿qué tarea nos quita más tiempo del que debería?». La inteligencia artificial rinde mejor en trabajos que giran alrededor de texto, documentos y decisiones repetitivas. Algunos ejemplos habituales:

  • Responder las mismas preguntas de clientes una y otra vez.
  • Leer correos o formularios y clasificarlos según su tema o urgencia.
  • Extraer datos de facturas, contratos o solicitudes para pasarlos a otro sistema.
  • Resumir reuniones, informes o expedientes largos.
  • Redactar un primer borrador de respuestas, cotizaciones o descripciones.
Dos colegas planean frente a una pizarra con notas adhesivas
El primer paso: identificar qué tareas consumen más tiempo del que deberían.

Haga una lista corta con su equipo. Quienes hacen el trabajo todos los días suelen saber exactamente dónde se pierde el tiempo.

2. Elija un primer caso pequeño y medible

De esa lista, escoja un solo caso para empezar. Un buen primer proyecto cumple cuatro condiciones:

  1. Es frecuente: ocurre muchas veces por semana, así que cualquier mejora se nota.
  2. Tiene reglas relativamente claras: una persona nueva podría aprender a hacerlo con un buen instructivo.
  3. Un error no es grave: si la inteligencia artificial se equivoca, alguien lo detecta antes de que cause un problema.
  4. Se puede medir: sabe cuánto tiempo toma hoy o cuántos errores produce.

Resista la tentación de empezar por el proceso más complejo de la empresa. Un caso pequeño que funciona genera confianza, aprendizaje y el argumento para el siguiente.

3. Revise sus datos antes que el modelo

La calidad del resultado depende de la calidad de la información con la que trabaja la inteligencia artificial. Antes de elegir una solución, responda tres preguntas:

  • ¿Dónde está la información? En correos, hojas de cálculo, un sistema contable, carpetas compartidas… Saberlo define qué tan fácil será conectarla.
  • ¿Está completa y ordenada? Si los datos están duplicados, desactualizados o repartidos en versiones distintas, conviene ordenarlos primero.
  • ¿Quién puede verla? Hay información que no debe salir de la organización.

Este último punto merece atención especial. Antes de pegar datos de clientes o colaboradores en una herramienta pública, revise sus términos de uso: qué hace con la información, dónde la guarda y si la usa para entrenar sus modelos. En Costa Rica, además, el tratamiento de datos personales está regulado por la Ley N.º 8968 de Protección de la Persona frente al Tratamiento de sus Datos Personales.

4. Pruebe con lo que ya existe antes de desarrollar

No siempre hace falta un desarrollo a la medida. Para un primer paso, a menudo basta con:

  • Asistentes de uso general, útiles para redactar, resumir o analizar documentos de forma puntual.
  • Funciones de inteligencia artificial en el software que ya usa, como el correo, las herramientas de oficina o el sistema de atención al cliente.

Estas opciones permiten validar la idea rápido y con poca inversión. Un desarrollo propio empieza a tener sentido cuando la solución debe conectarse con sus sistemas, manejar mucho volumen, trabajar con información confidencial en un entorno controlado o seguir reglas específicas de su negocio. En ese punto, la inteligencia artificial suele combinarse con la automatización de procesos para que el trabajo fluya de un sistema a otro sin intervención manual.

5. Mantenga a una persona en el circuito

Los modelos de inteligencia artificial pueden equivocarse con total seguridad: inventar un dato, malinterpretar una instrucción o clasificar mal un caso poco común. Por eso, sobre todo al principio:

  • Defina qué revisa una persona antes de que el resultado llegue a un cliente o a un sistema.
  • Establezca reglas de uso claras para el equipo: qué información se puede usar, en qué herramientas y para qué tareas.
  • Registre los errores que aparezcan: son la mejor guía para ajustar las instrucciones o decidir que un caso no conviene automatizar.
Una persona escribe en una laptop que muestra un asistente de inteligencia artificial
La revisión de una persona es clave, sobre todo al principio.

Con el tiempo, a medida que el sistema demuestra ser confiable, la revisión puede volverse más selectiva.

Errores comunes al empezar

  • Querer automatizarlo todo a la vez. Diluye el esfuerzo y hace imposible saber qué funcionó.
  • No medir el punto de partida. Sin saber cuánto tomaba antes una tarea, no hay forma de demostrar la mejora.
  • Dejar fuera al equipo. Una herramienta que las personas no entienden o no quieren usar no se adopta.
  • Confiar sin revisar. La inteligencia artificial es una ayuda poderosa, no un reemplazo del criterio de quien conoce el negocio.

Cómo saber si funcionó

Después de unas semanas, compare con la situación inicial: cuánto tiempo toma ahora la tarea, cuántos errores aparecen y cómo lo percibe el equipo que la usa. Si los resultados son buenos, tendrá un caso documentado para escalar la solución o aplicar lo aprendido al siguiente proceso de la lista.

Empezar con inteligencia artificial no exige un gran presupuesto ni un proyecto de meses. Exige elegir bien el primer problema, cuidar los datos y medir. Si quiere profundizar en cómo se aplica en una organización, puede conocer nuestro enfoque de inteligencia artificial aplicada.

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